La promulgación de la Constitución de Cádiz hacía indispensable poner en “planta” las instituciones previstas en la Carta, más aún teniendo en cuenta la próxima reunión de las Cortes ordinarias del bienio 1813 – 1814 convocadas para el 1 de octubre de 1813. Por tal motivo las Cortes expidieron diversas regulaciones con el objeto de facilitar las elecciones de los miembros de los ayuntamientos constitucionales, diputados provinciales y diputados a Cortes. Ordenaron, en consecuencia, la formación de juntas preparatorias de elecciones encargadas de hacer efectivas las reglas decretadas. En Lima la junta preparatoria, presidida por el virrey Abascal, teniendo a la vista los artículos pertinentes de la Constitución y el decreto de 23 de mayo de 1812, sobre formación de los ayuntamientos constitucionales, acordó el 3 de diciembre de 1812 las disposiciones que regularían la elección de los miembros del cabildo electivo limeño. El 7 de diciembre el gobierno hizo público el bando de convocatoria a elecciones.
Según lo establecido en la convocatoria las juntas electorales de parroquia deberían reunirse el miércoles 9 de diciembre de 1812 para elegir 25 electores, de conformidad a la proporcionalidad de la población de cada una de las seis parroquias y anexo que correspondían a la ciudad. Del mismo modo, fueron designados los lugares donde estas juntas se reunirían para ejercer sus funciones. La distribución de electores y lugares destinados para la celebración de las elecciones en el nivel parroquial fue el siguiente:
Parroquias Lugar de Reunión Número de Electores
Catedral Convento de la Merced 6
Vice-parroquia de los Huérfanos Convento de San Juan de Dios 4
Santa Ana Colegio de San Fernando 5
San Lázaro Convento de San Francisco de Paula 4
San Sebastián Convento de Santo Domingo 2
Cercado Convento del Refugio 2
San Marcelo Convento de San Agustín 2
Los ciudadanos, a su vez, deberían presentarse a los lugares destinados a sus respectivas parroquias desde las 9 de la mañana. Elegidos los 25 electores de las juntas parroquiales estos se reunirían el domingo 13 de diciembre, en la sala consistorial del ayuntamiento, para elegir a los dos alcaldes, dieciséis regidores y dos síndicos procuradores que correspondían a la ciudad en razón de su población, superior a los diez mil vecinos. Asimismo, en el bando de convocatoria se incluyeron los artículos de la Constitución relativos a la ciudadanía, “comprehensivos de las calidades, que designan a los que gozan de ese derecho, las que privan de él, y las que lo suspenden”, así como los requisitos para ser elegidos. Por último, una nota escrita a mano, inserta en el bando, disponía para facilitar el trámite de la elección que cada ciudadano debería llevar “una papeleta en que estén escritos los nombres de los individuos por quienes sufraga”, la cual se leería públicamente[1].
Ese mismo día el ayuntamiento perpetuo recibió un oficio del virrey y copias del bando de convocatoria a elecciones para que los capitulares procedan a la designación y elección de los miembros del cabildo que presidirían las juntas parroquiales. En efecto, en esa misma sesión fueron designados los siete capitulares presidentes de las juntas. Sin embargo, el 8 de diciembre, por impedimento del regidor Manuel Agustín de la Torre, fue designado su reemplazante por sorteo, conformándose las presidencias de las juntas parroquiales de la ciudad de la siguiente forma[2]:
Parroquias Presidentes
Catedral Marqués de Torre Tagle
Los Huérfanos Andrés de Salazar
Santa Ana Antonio de Elizalde
San Lázaro Ignacio de Orúe y Mirones
San Sebastián Conde del Villar de Fuente
Cercado José Antonio de Ugarte
San Marcelo José Valentín Huidobro
La vigencia del régimen constitucional configuraría un nuevo escenario político en las ciudades del reino del Perú. Ofrecería “novedosas formas de participación política dentro del sistema”, permitiendo que los postergados anhelos e intereses de los americanos se expresaran por vías legales[3]. Ese escenario propició la formación de un grupo constitucional liderado por el fiscal de la Audiencia de Lima, Miguel de Eyzaguirre, contrario a la política del virrey[4]. Abascal conocía la existencia de dicho grupo pero consideraba que no tenían la organización ni la fuerza como para imponerse en la elección. Se equivocaba el virrey. Mientras tanto, la prensa patrocinada por el gobierno publicaba diversos artículos relativos a las próximas elecciones, resaltando la importancia y trascendencia de las mismas. Así, los editores del Verdadero Peruano exclamaban:
“Habitantes de Lima: dentro de pocos días vais a fixar en los fastos del Perú la época primera de vuestra gloria. La aurora de vuestra libertad ha empezado a rayar. No tarda ya en aparecer con todo su esplendor; y entonces se disipará en un momento esa larga y melancólica noche en que ha envuelto con sus sombras hasta hoy a esta parte la más preciosa del globo. ¡Un día solo va a ser más grande que tres siglos! ¡Día venturoso! En que se os verá alzar por la primera vez la frente augusta, y presentaros revestidos de magestad y de grandeza a tomar posesión de vuestros sagrados derechos, dando con vuestras manos padres a la patria”[5].
En ese texto se hacía presente la retórica de la libertad y redención contra el despotismo, conservando sin embargo los patrones tradicionales. El ideal que se predicaba era la unanimidad, esto es, evitar el surgimiento de facciones que pretendieran hacer triunfar a sus integrantes por el mero egoísmo e interés particular en los empleos. Y peor aún, sin que estos tuvieran las calidades y condiciones para ejercerlos. Facciones que importarían el desorden en la elección. De ahí la exhortación que dirigían a los ciudadanos:
“Lejos de vosotros el espíritu de partido, el odio, el interés personal, y las demás pasiones que degradan al hombre. Si asistís encorvados bajo el peso de un yugo tiránico, si no guardáis todo el decoro que pide la gravedad de un acto tan solemne; por más que os esforcéis en manifestar libertad y nobleza, vais a aparecer esclavos y envilecidos: vais a frustrar las benéficas miras del congreso nacional: vais a desairar a la prosperidad que se os convida: y a ofrecer un motivo de irrisión y de escándalo a los pueblos vecinos que esperan un espectáculo serio y magnífico. ¡Qué porvenir tan halagüeño, si depositáis todos los empleos municipales en manos de patriotas de probidad y de luces! Nuestros descendientes, no viendo por todos lados sino las operaciones de la justicia y nutriéndose con exemplos sublimes, crecerán llenos de máximas sanas de moral y de virtud. La obediencia a las leyes será para ellos la ley primera: el interés de la patria su único interés: y la felicidad de sus conciudadanos su felicidad particular”[6].
No obstante aquellas exhortaciones, los miembros del grupo constitucional realizaron una campaña electoral destinada a hacer prevalecer sus candidatos en las juntas parroquiales. Con ese fin reclutaron prosélitos, organizaron reuniones políticas, propagaron las candidaturas mediante la distribución de listas de electores, fomentaron la movilización popular hacia los locales destinados para las elecciones con el objeto de integrar las mesas electorales con integrantes o sujetos afines a la facción y, en última instancia, para ejercer presión en las mismas ya para permitir el sufragio de adeptos suyos o para impedir el voto de los sujetos contrarios, forzando de esta manera la abstención de los ciudadanos “de bien”. La actividad desarrollada por los “constitucionales” los premió con el triunfo en las elecciones.
De la documentación acerca de este proceso electoral, principalmente actas electorales, en las que no necesariamente se describen todos los eventos suscitados en las juntas parroquiales, se puede colegir el éxito del grupo constitucional en el control de las mesas de votación de la mayoría de las parroquias. Otro dato importante que nos suministran es que el total de ciudadanos que sufragaron fue aproximadamente de 2500 a 2700 de un padrón electoral de aproximadamente cinco mil ciudadanos, es decir, la mitad de los habilitados.
En efecto, de la información disponible podemos afirmar que en las parroquias del Sagrario de la Catedral, vice-parroquia de los Huérfanos, San Marcelo, San Sebastián, San Lázaro y Santa Ana hubo participación de miembros del grupo constitucional como integrantes de las mesas que dirigían la votación. Ignacio de Pro fue elegido secretario en la parroquia del Sagrario de la Catedral. Manuel Malarín integraba la mesa electoral como escrutador en la vice-parroquia de los Huérfanos. José Manuel Villaverde y Pedro José Carrillo figuraban como escrutadores en la parroquia de San Sebastián. En la parroquia de San Marcelo el éxito fue total. El secretario y los dos escrutadores elegidos por aclamación lo fueron Francisco de Paula Quiroz, Miguel de Riofrío y Pedro Gil. En San Lázaro fue elegido por pluralidad de votos Isidro Vilca como secretario y, por aclamación, Joaquín Mansilla como uno de los escrutadores. En la parroquia de Santa Ana, también por aclamación, fueron designados Ignacio Antonio de Alcazar como secretario y José Morales Ugalde como uno de los escrutadores.
La composición de las mesas electorales si bien importante para consolidar el triunfo del grupo constitucional en las votaciones, no era decisiva, como se demostraría en la elección siguiente. El 9 de diciembre, en el convento de la Merced, local destinado para la elección de la parroquia del Sagrario de la Catedral, sufragaron un aproximado de 700 ciudadanos. Acompañaba al presidente de la mesa, Francisco Xavier Echague, arcediano de la iglesia Catedral. Como secretario había sido elegido Ignacio de Pro. Al término de la votación fueron elegidos como electores los siguientes personajes: Diego Aliaga y Santa Cruz, capitán de la guardia de alabarderos del virrey, por 640 votos; el presbítero Segundo Antonio Carrión, prepósito del Oratorio de San Felipe de Neri, por 582 votos; Juan de Berindoaga, abogado y sargento mayor del regimiento de milicias provinciales de dragones de Carabayllo, por 453 votos; Pedro Antonio de Arguedas, abogado, por 410 votos; José Antonio de la Torre, abogado, por 376 votos; y el presbítero Juan Esteban Enriquez de Saldaña por 324 votos[7].
En el convento de San Juan de Dios, lugar de votación correspondiente a la vice- parroquia de los Huérfanos, sufragaron 385 ciudadanos. Previamente fueron elegidos el secretario y escrutadores que conformarían la mesa junto con el presidente y con Mariano Tagle, cura rector de la parroquia del Sagrario. Por aclamación asumieron dichos cargos Francisco de Valdivieso y Pradas, Baltazar Benavides y Manuel Malarín, respectivamente. Instalada la mesa e iniciado el sufragio, el secretario recibía las listas que le presentaban los ciudadanos y los entregaba al presidente, quien los publicaba en alta voz, “con arreglo a la nota autorizada” inserta en el bando de convocatoria. En ese momento se hicieron presentes varios colegiales carolinos, entre ellos José Faustino Sánchez Carrión, colegial maestro del convictorio, quien dirigiéndose a los integrantes de la mesa de votación representó “el derecho que tenía, como qualesquiera otro ciudadano de los avecindados en la Vice-Parroquia de los Huérfanos a sufragar por diez Electores, qe. fueron los señalados a la Parroquia de la Catedral, respecto de no haber esta debido dividirse, exponiendo que por no entorpecer aquel acto, ni dar el menor motivo de inquietud, renunciaba por esa sola vez el referido derecho, pero con protesta de hacer uso de él para las eleciones venideras”. Lo mismo manifestó, a continuación Carlos Delgado, también colegial del convictorio. Retirados los colegiales carolinos la votación continúo y al hacerse la regulación de los 1540 votos, correspondientes a 385 ciudadanos, resultaron elegidos como electores Francisco Xavier Echague, dignidad de arcediano de la Iglesia Catedral, por 317 votos; José Gerónimo Vivar, abogado y catedrático en la Real Universidad de San Marcos por 260 votos; Victoriano Moreno por 151; y Toribio Rodríguez de Mendoza, rector del Real Convictorio de Sab Carlos y catedrático de la Real Universidad de San Marcos, por 132 votos. Concluido el acto con la mayor tranquilidad, según se lee en el acta, se publicó el resultado, que fue celebrado con “muchas demostraciones de alegría”[8].
En el convento de Santo Domingo, local de reunión de la junta parroquial de San Sebastián, sufragaron un aproximado de 200 ciudadanos. La mesa electoral se integraba, además del presidente, por Juan José Alvarez, cura de la parroquia, por Manuel de la Fuente y Chávez, José Manuel Villaverde y Pedro José Carrillo, secretario y escrutadores respectivamente. Concluida la votación y realizada la regulación de los votos fueron elegidos como electores Francisco José Colmenares por 114 votos y José Martínez por 61 votos[9].
En un salón del convento de San Agustín se realizaron las votaciones de la parroquia de San Marcelo. Acompañaban al presidente de la mesa electoral, Pedro Avilés, cura de la parroquia, Francisco de Paula Quiroz, Miguel de Riofrío y Pedro Gil, elegidos por aclamación de los ciudadanos presentes como secretario y escrutadores respectivamente. Concluida la votación y efectuada la regulación de los 554 votos que correspondían a 277 ciudadanos, resultaron elegidos como electores el conde de Torre Velarde por 269 votos y Francisco de Arrese, abogado y catedrático de la Real Universidad de San Marcos, por 264[10]. Como se puede apreciar de esta votación, la elección de estos dos personajes fue casi unánime. Solo hubo 21 votos dispersos.
En el convento de San Francisco de Paula se desarrolló la votación correspondiente a la parroquia de San Lázaro. Al presidente acompañaba Anselmo Pérez de la Canal, cura rector de la parroquia. La mesa se completó con la elección por pluralidad de votos de Isidro Vilca, procurador general de indios de la Audiencia de Lima, como secretario, y por Joaquín Mansilla y Gerónimo Gutiérrez de Caviedes, elegidos por aclamación como escrutadores. Concluida la votación y realizada la regulación de los votos de un aproximado de 500 ciudadanos resultaron elegidos como electores el Capitán Alejandro Poquis, intérprete general de indios de la Audiencia de Lima; el capitán Bernardo Valdivieso; José Miguel Castillo, abogado y oficial sexto de la secretaría de cámara del virreinato; y el presbítero Julián Donayres, segundo capellán del beaterio de Copacabana[11].
En el colegio de San Fernando, local asignado a la parroquia de Santa Ana sufragaron un aproximado de 500 ciudadanos. Integraban la mesa electoral, además del presidente, Juan José Flores, cura rector de la parroquia, Ignacio Antonio de Alcázar, José Morales Ugalde y José Pezet, elegidos por aclamación de los vecinos presentes como secretario y escrutadores respectivamente. La votación se realizó en el típico modelo del cabildo abierto, pues según se lee en el acta, cada ciudadano ordenadamente se acercaba a la mesa para “designar las personas en quienes libremente comprometían su voluntad ante los Señores Presidente, Escrutadores y Secretario y Párroco llevando este lista de los Ciudadanos votantes a presencia de dichos Señores y del Pueblo, recibiendo los voletos en qe. estaban inscriptos los nombres de aquellos por quienes votaban”. Concluida la votación, acto “magestuoso libre y solemne”, se procedió a la regulación de los votos emitidos. Resultaron elegidos como electores Miguel de Eyzaguirre, fiscal de la Audiencia de Lima, por 395 votos; Joaquín Fernández de Leiva, también ministro de la Audiencia de Lima, por 327 votos; el marqués de Montealegre por 271 votos; Blas Cadenas por 246 votos; y Ángel Luque, cura, por 204 votos. Por excusa que hizo del cargo ante el virrey, Joaquín Fernández de Leiva fue reemplazado por José de la Riva Agüero, que había obtenido 201 votos[12].
Finalmente, en el convento del Refugio, donde se efectuaron las votaciones de la parroquia del Cercado sufragaron 252 ciudadanos. La mesa electoral se conformaba, además del presidente, por Mariano Rivera, cura de la Parroquia. Completaron la mesa el capitán de milicias Nicolás de Bezanilla, elegido por aclamación como secretario, y el propio cura Mariano Rivera y Juan de la Daga, elegidos por pluralidad de votos como escrutadores. Concluida la votación y efectuada la regulación de los votos resultaron elegidos Félix Saucedo, capellán del regimiento de dragones de Lima, por 89 votos, y Lorenzo Zárate capitán del mismo regimiento por 54 votos[13].
Las elecciones parroquiales fueron ampliamente favorables al grupo constitucional. La noticia de los resultados y, peor aún, la movilización popular que se efectúo aquel día, causaron malestar y preocupación en el virrey. Entre los 25 electores figuraban dos magistrados de la Audiencia de Lima: Miguel de Eyzaguirre y Joaquín Fernández de Leiva. La condición de magistrado hizo que el segundo de los nombrados solicitara excusa del cargo ante el virrey, lo que fue aceptado. Sin embargo, Eyzaguirre no hizo lo mismo. Por el contrario, elevó una consulta al virrey para conocer “si a vista de los artículos 45 y 97 de la Constitución podía o no ser elector”. El 10 de diciembre, según el abogado José Ramón del Valle, se le contestó con las siguientes palabras: “No me parece V. S. impedido para desempeñar el cargo de elector por la parroquia de Sta. Ana”[14]. Sin embargo, voceros del gobierno afirmaron que el virrey no declaró hábil al fiscal para ejercer el cargo de elector parroquial. A la consulta formulada, decían, se le contestó “que siendo tan consumado letrado podía su señoría resolverla por el mismo”[15].
El 13 de diciembre, reunidos en la casa consistorial del ayuntamiento limeño, los 25 electores designados por las parroquias de la capital de inmediato se dirigieron al palacio de gobierno y, desde ese lugar, condujeron al virrey a la sala capitular, donde “tomó su asiento de preferencia”, e inició la sesión solicitando las credenciales de los electores. Recibidas las mismas y verificadas, Abascal manifestó “los deseos que tenía de que todo fuese acierto, y llenase la expectación del público, en lo que consideraba empeñados a los señores electores, en cuya consideración ponía, que no había sido otro su objeto, que obedecer los soberanos mandatos, y poner en execusión los útiles establecimientos que ellos comprehendían, dando principio por la elección que se iba a hacer, la misma en que no ponía mano, ni hacía la menor insinuación, no obstante que no le eran desconocidos los sujetos capaces de ocupar los empleos dignos, y útilmente: baxo de cuyo supuesto nada más hacía que presidir la votación, y arreglarse a su resultado, complaciéndose mucho en la buena armonía de los señores electores, y en la tranquilidad que se había advertido, tanto en este acto, como en los antecedentes”[16]. ¿Eran sinceras y nada irónicas las expresiones del virrey sobre el normal y tranquilo desarrollo de las votaciones en las juntas parroquiales? Creemos que sí. Si bien le repugnó la movilización popular dirigida por el grupo constitucional y el resultado de aquellas votaciones. Lo cierto era que en las juntas electorales de parroquia no se habían suscitado alteraciones del orden. Y no debió haber sucedido porque la mayoría de las mesas electorales de las parroquias estaban bajo el control de sujetos afines a los constitucionales. Los documentos existentes parecen confirmarlo. Lo contrario sucedería en la siguiente elección.
A continuación, complementó las expresiones del virrey el elector Ángel Luque, predicando la concordia entre todos los miembros de la asamblea electoral y entre todos los españoles, sean europeos o americanos. Las rivalidades, inherentes a la “plebe”, no tenían cabida en la “virtud unida”. Había que desterrarla del seno de la junta electoral. Por esa razón exclamaba: “Fuera pues de nosotros esa necia ribalidad de samaritanos y judíos, como si fuésemos ese tosco pueblo: esa necia ribalidad del partido del hombre no formado, y acostumbrado a no ser más que un solo color: esa necia ribalidad de la turba del bajo pueblo que en el carácter del ciudadano, en su probidad, en sus costumbres no encuentra el mérito que encuentra la razón, la sensatez, el clamor general de la naturaleza”[18].
Concluido el discurso, los electores deliberaron y acordaron que la votaciones se realizaran mediante voto secreto, decisión con la que también convino el virrey, procediéndose a la votación “de uno en uno, con total separación, y después de absuelta la regulación de cada uno en particular, los empleos de Alcaldes ordinarios, después los de Regidores, y últimamente los de Procuradores generales”. Fueron elegidos como miembros del ayuntamiento constitucional: José Cavero y Salazar, y Juan Ignacio Palacios (Alcaldes); el conde de San Isidro, José Antonio Buendía, el conde de Torre Velarde, Antonio Saénz de Tejada, Santiago Manco, el conde de la Vega del Ren, Francisco Alvarez Calderón, el marqués de Casa – Boza, José Manuel Blanco y Azcona, Ramón Erazu, Juan Bautista Gárate, Juan Berindoaga, Manuel Alvarado, Francisco Carrillo y Mudarra, José María Galdiano, y el marqués de Corpa (regidores); Francisco Arrese, y José Gerónimo Vivar (síndicos procuradores). La elección, según se lee en el acta, concluyó "sin que se hubiese observado en ella sino el buen orden, la común tranquilidad y satisfacción, que dexó complacidos a todos empesando por el Exmo. Sor. Virey que lleno de gozo por tan felis acontecimiento, y por las circunstancias que concurrían en las personas elegidas, cuyo elogio pronunciaba en seguida de la elección, disolvió el Congreso, y se retiró a su palacio, con el mismo acompañamiento, habiendo dispuesto antes que se propagasen inmediatamente listas de los elegidos para que se satisfaciese el innumerable concurso que los esperaba, en toda la ciudad”[19].
No obstante indicar el acta el “gozo” del virrey por la elección y su resultado, lo verdadero era que Abascal “estaba extremadamente insatisfecho con la composición del nuevo cabildo ya que solo cuatro de sus regidores eran europeos (el conde de San Isidro, Antonio Saénz de Tejada, José Manuel Blanco y Azcona, y Juan Bautista Gárate), y aún ellos, informaba, habían sido elegidos solo como resultado de la presión que había podido hacer como presidente del comité electoral”. La mayoría de los elegidos, afirmaba Abascal, eran “creadores de problemas y descontentos políticos”, cuyo predominio se debía a la presencia de agitadores en las juntas parroquiales, quienes actuando bajo la “guía” del fiscal Eyzaguirre, habían dominado las mesas de votación. En consecuencia, intimidados los ciudadanos “decentes”, los contrarios al gobierno sufragaron por electores “criollos”. De ahí “siguió que el cabildo escogido por semejantes hombres se conformaría a sus ideas”[20]. La preocupación del virrey no era infundada. Con la puesta en vigencia de la Constitución y la implementación de los mecanismos electivos para elegir los ayuntamientos constitucionales y diputados a Cortes “empezaban a formarse serios resquebrajamientos en la estructura general de la autoridad en la ciudad”[21], y porque no decirlo en el virreinato.
Según lo establecido en la convocatoria las juntas electorales de parroquia deberían reunirse el miércoles 9 de diciembre de 1812 para elegir 25 electores, de conformidad a la proporcionalidad de la población de cada una de las seis parroquias y anexo que correspondían a la ciudad. Del mismo modo, fueron designados los lugares donde estas juntas se reunirían para ejercer sus funciones. La distribución de electores y lugares destinados para la celebración de las elecciones en el nivel parroquial fue el siguiente:
Parroquias Lugar de Reunión Número de Electores
Catedral Convento de la Merced 6
Vice-parroquia de los Huérfanos Convento de San Juan de Dios 4
Santa Ana Colegio de San Fernando 5
San Lázaro Convento de San Francisco de Paula 4
San Sebastián Convento de Santo Domingo 2
Cercado Convento del Refugio 2
San Marcelo Convento de San Agustín 2
Los ciudadanos, a su vez, deberían presentarse a los lugares destinados a sus respectivas parroquias desde las 9 de la mañana. Elegidos los 25 electores de las juntas parroquiales estos se reunirían el domingo 13 de diciembre, en la sala consistorial del ayuntamiento, para elegir a los dos alcaldes, dieciséis regidores y dos síndicos procuradores que correspondían a la ciudad en razón de su población, superior a los diez mil vecinos. Asimismo, en el bando de convocatoria se incluyeron los artículos de la Constitución relativos a la ciudadanía, “comprehensivos de las calidades, que designan a los que gozan de ese derecho, las que privan de él, y las que lo suspenden”, así como los requisitos para ser elegidos. Por último, una nota escrita a mano, inserta en el bando, disponía para facilitar el trámite de la elección que cada ciudadano debería llevar “una papeleta en que estén escritos los nombres de los individuos por quienes sufraga”, la cual se leería públicamente[1].
Ese mismo día el ayuntamiento perpetuo recibió un oficio del virrey y copias del bando de convocatoria a elecciones para que los capitulares procedan a la designación y elección de los miembros del cabildo que presidirían las juntas parroquiales. En efecto, en esa misma sesión fueron designados los siete capitulares presidentes de las juntas. Sin embargo, el 8 de diciembre, por impedimento del regidor Manuel Agustín de la Torre, fue designado su reemplazante por sorteo, conformándose las presidencias de las juntas parroquiales de la ciudad de la siguiente forma[2]:
Parroquias Presidentes
Catedral Marqués de Torre Tagle
Los Huérfanos Andrés de Salazar
Santa Ana Antonio de Elizalde
San Lázaro Ignacio de Orúe y Mirones
San Sebastián Conde del Villar de Fuente
Cercado José Antonio de Ugarte
San Marcelo José Valentín Huidobro
La vigencia del régimen constitucional configuraría un nuevo escenario político en las ciudades del reino del Perú. Ofrecería “novedosas formas de participación política dentro del sistema”, permitiendo que los postergados anhelos e intereses de los americanos se expresaran por vías legales[3]. Ese escenario propició la formación de un grupo constitucional liderado por el fiscal de la Audiencia de Lima, Miguel de Eyzaguirre, contrario a la política del virrey[4]. Abascal conocía la existencia de dicho grupo pero consideraba que no tenían la organización ni la fuerza como para imponerse en la elección. Se equivocaba el virrey. Mientras tanto, la prensa patrocinada por el gobierno publicaba diversos artículos relativos a las próximas elecciones, resaltando la importancia y trascendencia de las mismas. Así, los editores del Verdadero Peruano exclamaban:
“Habitantes de Lima: dentro de pocos días vais a fixar en los fastos del Perú la época primera de vuestra gloria. La aurora de vuestra libertad ha empezado a rayar. No tarda ya en aparecer con todo su esplendor; y entonces se disipará en un momento esa larga y melancólica noche en que ha envuelto con sus sombras hasta hoy a esta parte la más preciosa del globo. ¡Un día solo va a ser más grande que tres siglos! ¡Día venturoso! En que se os verá alzar por la primera vez la frente augusta, y presentaros revestidos de magestad y de grandeza a tomar posesión de vuestros sagrados derechos, dando con vuestras manos padres a la patria”[5].
En ese texto se hacía presente la retórica de la libertad y redención contra el despotismo, conservando sin embargo los patrones tradicionales. El ideal que se predicaba era la unanimidad, esto es, evitar el surgimiento de facciones que pretendieran hacer triunfar a sus integrantes por el mero egoísmo e interés particular en los empleos. Y peor aún, sin que estos tuvieran las calidades y condiciones para ejercerlos. Facciones que importarían el desorden en la elección. De ahí la exhortación que dirigían a los ciudadanos:
“Lejos de vosotros el espíritu de partido, el odio, el interés personal, y las demás pasiones que degradan al hombre. Si asistís encorvados bajo el peso de un yugo tiránico, si no guardáis todo el decoro que pide la gravedad de un acto tan solemne; por más que os esforcéis en manifestar libertad y nobleza, vais a aparecer esclavos y envilecidos: vais a frustrar las benéficas miras del congreso nacional: vais a desairar a la prosperidad que se os convida: y a ofrecer un motivo de irrisión y de escándalo a los pueblos vecinos que esperan un espectáculo serio y magnífico. ¡Qué porvenir tan halagüeño, si depositáis todos los empleos municipales en manos de patriotas de probidad y de luces! Nuestros descendientes, no viendo por todos lados sino las operaciones de la justicia y nutriéndose con exemplos sublimes, crecerán llenos de máximas sanas de moral y de virtud. La obediencia a las leyes será para ellos la ley primera: el interés de la patria su único interés: y la felicidad de sus conciudadanos su felicidad particular”[6].
No obstante aquellas exhortaciones, los miembros del grupo constitucional realizaron una campaña electoral destinada a hacer prevalecer sus candidatos en las juntas parroquiales. Con ese fin reclutaron prosélitos, organizaron reuniones políticas, propagaron las candidaturas mediante la distribución de listas de electores, fomentaron la movilización popular hacia los locales destinados para las elecciones con el objeto de integrar las mesas electorales con integrantes o sujetos afines a la facción y, en última instancia, para ejercer presión en las mismas ya para permitir el sufragio de adeptos suyos o para impedir el voto de los sujetos contrarios, forzando de esta manera la abstención de los ciudadanos “de bien”. La actividad desarrollada por los “constitucionales” los premió con el triunfo en las elecciones.
De la documentación acerca de este proceso electoral, principalmente actas electorales, en las que no necesariamente se describen todos los eventos suscitados en las juntas parroquiales, se puede colegir el éxito del grupo constitucional en el control de las mesas de votación de la mayoría de las parroquias. Otro dato importante que nos suministran es que el total de ciudadanos que sufragaron fue aproximadamente de 2500 a 2700 de un padrón electoral de aproximadamente cinco mil ciudadanos, es decir, la mitad de los habilitados.
En efecto, de la información disponible podemos afirmar que en las parroquias del Sagrario de la Catedral, vice-parroquia de los Huérfanos, San Marcelo, San Sebastián, San Lázaro y Santa Ana hubo participación de miembros del grupo constitucional como integrantes de las mesas que dirigían la votación. Ignacio de Pro fue elegido secretario en la parroquia del Sagrario de la Catedral. Manuel Malarín integraba la mesa electoral como escrutador en la vice-parroquia de los Huérfanos. José Manuel Villaverde y Pedro José Carrillo figuraban como escrutadores en la parroquia de San Sebastián. En la parroquia de San Marcelo el éxito fue total. El secretario y los dos escrutadores elegidos por aclamación lo fueron Francisco de Paula Quiroz, Miguel de Riofrío y Pedro Gil. En San Lázaro fue elegido por pluralidad de votos Isidro Vilca como secretario y, por aclamación, Joaquín Mansilla como uno de los escrutadores. En la parroquia de Santa Ana, también por aclamación, fueron designados Ignacio Antonio de Alcazar como secretario y José Morales Ugalde como uno de los escrutadores.
La composición de las mesas electorales si bien importante para consolidar el triunfo del grupo constitucional en las votaciones, no era decisiva, como se demostraría en la elección siguiente. El 9 de diciembre, en el convento de la Merced, local destinado para la elección de la parroquia del Sagrario de la Catedral, sufragaron un aproximado de 700 ciudadanos. Acompañaba al presidente de la mesa, Francisco Xavier Echague, arcediano de la iglesia Catedral. Como secretario había sido elegido Ignacio de Pro. Al término de la votación fueron elegidos como electores los siguientes personajes: Diego Aliaga y Santa Cruz, capitán de la guardia de alabarderos del virrey, por 640 votos; el presbítero Segundo Antonio Carrión, prepósito del Oratorio de San Felipe de Neri, por 582 votos; Juan de Berindoaga, abogado y sargento mayor del regimiento de milicias provinciales de dragones de Carabayllo, por 453 votos; Pedro Antonio de Arguedas, abogado, por 410 votos; José Antonio de la Torre, abogado, por 376 votos; y el presbítero Juan Esteban Enriquez de Saldaña por 324 votos[7].
En el convento de San Juan de Dios, lugar de votación correspondiente a la vice- parroquia de los Huérfanos, sufragaron 385 ciudadanos. Previamente fueron elegidos el secretario y escrutadores que conformarían la mesa junto con el presidente y con Mariano Tagle, cura rector de la parroquia del Sagrario. Por aclamación asumieron dichos cargos Francisco de Valdivieso y Pradas, Baltazar Benavides y Manuel Malarín, respectivamente. Instalada la mesa e iniciado el sufragio, el secretario recibía las listas que le presentaban los ciudadanos y los entregaba al presidente, quien los publicaba en alta voz, “con arreglo a la nota autorizada” inserta en el bando de convocatoria. En ese momento se hicieron presentes varios colegiales carolinos, entre ellos José Faustino Sánchez Carrión, colegial maestro del convictorio, quien dirigiéndose a los integrantes de la mesa de votación representó “el derecho que tenía, como qualesquiera otro ciudadano de los avecindados en la Vice-Parroquia de los Huérfanos a sufragar por diez Electores, qe. fueron los señalados a la Parroquia de la Catedral, respecto de no haber esta debido dividirse, exponiendo que por no entorpecer aquel acto, ni dar el menor motivo de inquietud, renunciaba por esa sola vez el referido derecho, pero con protesta de hacer uso de él para las eleciones venideras”. Lo mismo manifestó, a continuación Carlos Delgado, también colegial del convictorio. Retirados los colegiales carolinos la votación continúo y al hacerse la regulación de los 1540 votos, correspondientes a 385 ciudadanos, resultaron elegidos como electores Francisco Xavier Echague, dignidad de arcediano de la Iglesia Catedral, por 317 votos; José Gerónimo Vivar, abogado y catedrático en la Real Universidad de San Marcos por 260 votos; Victoriano Moreno por 151; y Toribio Rodríguez de Mendoza, rector del Real Convictorio de Sab Carlos y catedrático de la Real Universidad de San Marcos, por 132 votos. Concluido el acto con la mayor tranquilidad, según se lee en el acta, se publicó el resultado, que fue celebrado con “muchas demostraciones de alegría”[8].
En el convento de Santo Domingo, local de reunión de la junta parroquial de San Sebastián, sufragaron un aproximado de 200 ciudadanos. La mesa electoral se integraba, además del presidente, por Juan José Alvarez, cura de la parroquia, por Manuel de la Fuente y Chávez, José Manuel Villaverde y Pedro José Carrillo, secretario y escrutadores respectivamente. Concluida la votación y realizada la regulación de los votos fueron elegidos como electores Francisco José Colmenares por 114 votos y José Martínez por 61 votos[9].
En un salón del convento de San Agustín se realizaron las votaciones de la parroquia de San Marcelo. Acompañaban al presidente de la mesa electoral, Pedro Avilés, cura de la parroquia, Francisco de Paula Quiroz, Miguel de Riofrío y Pedro Gil, elegidos por aclamación de los ciudadanos presentes como secretario y escrutadores respectivamente. Concluida la votación y efectuada la regulación de los 554 votos que correspondían a 277 ciudadanos, resultaron elegidos como electores el conde de Torre Velarde por 269 votos y Francisco de Arrese, abogado y catedrático de la Real Universidad de San Marcos, por 264[10]. Como se puede apreciar de esta votación, la elección de estos dos personajes fue casi unánime. Solo hubo 21 votos dispersos.
En el convento de San Francisco de Paula se desarrolló la votación correspondiente a la parroquia de San Lázaro. Al presidente acompañaba Anselmo Pérez de la Canal, cura rector de la parroquia. La mesa se completó con la elección por pluralidad de votos de Isidro Vilca, procurador general de indios de la Audiencia de Lima, como secretario, y por Joaquín Mansilla y Gerónimo Gutiérrez de Caviedes, elegidos por aclamación como escrutadores. Concluida la votación y realizada la regulación de los votos de un aproximado de 500 ciudadanos resultaron elegidos como electores el Capitán Alejandro Poquis, intérprete general de indios de la Audiencia de Lima; el capitán Bernardo Valdivieso; José Miguel Castillo, abogado y oficial sexto de la secretaría de cámara del virreinato; y el presbítero Julián Donayres, segundo capellán del beaterio de Copacabana[11].
En el colegio de San Fernando, local asignado a la parroquia de Santa Ana sufragaron un aproximado de 500 ciudadanos. Integraban la mesa electoral, además del presidente, Juan José Flores, cura rector de la parroquia, Ignacio Antonio de Alcázar, José Morales Ugalde y José Pezet, elegidos por aclamación de los vecinos presentes como secretario y escrutadores respectivamente. La votación se realizó en el típico modelo del cabildo abierto, pues según se lee en el acta, cada ciudadano ordenadamente se acercaba a la mesa para “designar las personas en quienes libremente comprometían su voluntad ante los Señores Presidente, Escrutadores y Secretario y Párroco llevando este lista de los Ciudadanos votantes a presencia de dichos Señores y del Pueblo, recibiendo los voletos en qe. estaban inscriptos los nombres de aquellos por quienes votaban”. Concluida la votación, acto “magestuoso libre y solemne”, se procedió a la regulación de los votos emitidos. Resultaron elegidos como electores Miguel de Eyzaguirre, fiscal de la Audiencia de Lima, por 395 votos; Joaquín Fernández de Leiva, también ministro de la Audiencia de Lima, por 327 votos; el marqués de Montealegre por 271 votos; Blas Cadenas por 246 votos; y Ángel Luque, cura, por 204 votos. Por excusa que hizo del cargo ante el virrey, Joaquín Fernández de Leiva fue reemplazado por José de la Riva Agüero, que había obtenido 201 votos[12].
Finalmente, en el convento del Refugio, donde se efectuaron las votaciones de la parroquia del Cercado sufragaron 252 ciudadanos. La mesa electoral se conformaba, además del presidente, por Mariano Rivera, cura de la Parroquia. Completaron la mesa el capitán de milicias Nicolás de Bezanilla, elegido por aclamación como secretario, y el propio cura Mariano Rivera y Juan de la Daga, elegidos por pluralidad de votos como escrutadores. Concluida la votación y efectuada la regulación de los votos resultaron elegidos Félix Saucedo, capellán del regimiento de dragones de Lima, por 89 votos, y Lorenzo Zárate capitán del mismo regimiento por 54 votos[13].
Las elecciones parroquiales fueron ampliamente favorables al grupo constitucional. La noticia de los resultados y, peor aún, la movilización popular que se efectúo aquel día, causaron malestar y preocupación en el virrey. Entre los 25 electores figuraban dos magistrados de la Audiencia de Lima: Miguel de Eyzaguirre y Joaquín Fernández de Leiva. La condición de magistrado hizo que el segundo de los nombrados solicitara excusa del cargo ante el virrey, lo que fue aceptado. Sin embargo, Eyzaguirre no hizo lo mismo. Por el contrario, elevó una consulta al virrey para conocer “si a vista de los artículos 45 y 97 de la Constitución podía o no ser elector”. El 10 de diciembre, según el abogado José Ramón del Valle, se le contestó con las siguientes palabras: “No me parece V. S. impedido para desempeñar el cargo de elector por la parroquia de Sta. Ana”[14]. Sin embargo, voceros del gobierno afirmaron que el virrey no declaró hábil al fiscal para ejercer el cargo de elector parroquial. A la consulta formulada, decían, se le contestó “que siendo tan consumado letrado podía su señoría resolverla por el mismo”[15].
El 13 de diciembre, reunidos en la casa consistorial del ayuntamiento limeño, los 25 electores designados por las parroquias de la capital de inmediato se dirigieron al palacio de gobierno y, desde ese lugar, condujeron al virrey a la sala capitular, donde “tomó su asiento de preferencia”, e inició la sesión solicitando las credenciales de los electores. Recibidas las mismas y verificadas, Abascal manifestó “los deseos que tenía de que todo fuese acierto, y llenase la expectación del público, en lo que consideraba empeñados a los señores electores, en cuya consideración ponía, que no había sido otro su objeto, que obedecer los soberanos mandatos, y poner en execusión los útiles establecimientos que ellos comprehendían, dando principio por la elección que se iba a hacer, la misma en que no ponía mano, ni hacía la menor insinuación, no obstante que no le eran desconocidos los sujetos capaces de ocupar los empleos dignos, y útilmente: baxo de cuyo supuesto nada más hacía que presidir la votación, y arreglarse a su resultado, complaciéndose mucho en la buena armonía de los señores electores, y en la tranquilidad que se había advertido, tanto en este acto, como en los antecedentes”[16]. ¿Eran sinceras y nada irónicas las expresiones del virrey sobre el normal y tranquilo desarrollo de las votaciones en las juntas parroquiales? Creemos que sí. Si bien le repugnó la movilización popular dirigida por el grupo constitucional y el resultado de aquellas votaciones. Lo cierto era que en las juntas electorales de parroquia no se habían suscitado alteraciones del orden. Y no debió haber sucedido porque la mayoría de las mesas electorales de las parroquias estaban bajo el control de sujetos afines a los constitucionales. Los documentos existentes parecen confirmarlo. Lo contrario sucedería en la siguiente elección.
La creeencia de que en esta elección se produjeron alborotos y fue cuestionada por las autoridades, tal como sucedió en la elección del ayuntamiento constitucional de la ciudad de México el 29 de noviembre de 1812, se debe a una atribución errónea de fechas. En efecto, según Peralta las elecciones de diputados para las Cortes se iniciaron el 28 de enero de 1813(17). Sin embargo, dichas elecciones iniciaron el 28 de diciembre de 1812. Ese día, conociendo el virrey los alborotos y desmanes ocurridos en algunas de las juntas electorales de parroquia, redactó un oficio dirigido al conde de Vista Florida, solicitándole información de los sucesos. Baquíjano emitiría su contestación el día 30 de diciembre. Por tanto, aprovechando aquella coyuntura el virrey procuraría deslegitimar ambos procesos electorales.
A continuación, complementó las expresiones del virrey el elector Ángel Luque, predicando la concordia entre todos los miembros de la asamblea electoral y entre todos los españoles, sean europeos o americanos. Las rivalidades, inherentes a la “plebe”, no tenían cabida en la “virtud unida”. Había que desterrarla del seno de la junta electoral. Por esa razón exclamaba: “Fuera pues de nosotros esa necia ribalidad de samaritanos y judíos, como si fuésemos ese tosco pueblo: esa necia ribalidad del partido del hombre no formado, y acostumbrado a no ser más que un solo color: esa necia ribalidad de la turba del bajo pueblo que en el carácter del ciudadano, en su probidad, en sus costumbres no encuentra el mérito que encuentra la razón, la sensatez, el clamor general de la naturaleza”[18].
Concluido el discurso, los electores deliberaron y acordaron que la votaciones se realizaran mediante voto secreto, decisión con la que también convino el virrey, procediéndose a la votación “de uno en uno, con total separación, y después de absuelta la regulación de cada uno en particular, los empleos de Alcaldes ordinarios, después los de Regidores, y últimamente los de Procuradores generales”. Fueron elegidos como miembros del ayuntamiento constitucional: José Cavero y Salazar, y Juan Ignacio Palacios (Alcaldes); el conde de San Isidro, José Antonio Buendía, el conde de Torre Velarde, Antonio Saénz de Tejada, Santiago Manco, el conde de la Vega del Ren, Francisco Alvarez Calderón, el marqués de Casa – Boza, José Manuel Blanco y Azcona, Ramón Erazu, Juan Bautista Gárate, Juan Berindoaga, Manuel Alvarado, Francisco Carrillo y Mudarra, José María Galdiano, y el marqués de Corpa (regidores); Francisco Arrese, y José Gerónimo Vivar (síndicos procuradores). La elección, según se lee en el acta, concluyó "sin que se hubiese observado en ella sino el buen orden, la común tranquilidad y satisfacción, que dexó complacidos a todos empesando por el Exmo. Sor. Virey que lleno de gozo por tan felis acontecimiento, y por las circunstancias que concurrían en las personas elegidas, cuyo elogio pronunciaba en seguida de la elección, disolvió el Congreso, y se retiró a su palacio, con el mismo acompañamiento, habiendo dispuesto antes que se propagasen inmediatamente listas de los elegidos para que se satisfaciese el innumerable concurso que los esperaba, en toda la ciudad”[19].
No obstante indicar el acta el “gozo” del virrey por la elección y su resultado, lo verdadero era que Abascal “estaba extremadamente insatisfecho con la composición del nuevo cabildo ya que solo cuatro de sus regidores eran europeos (el conde de San Isidro, Antonio Saénz de Tejada, José Manuel Blanco y Azcona, y Juan Bautista Gárate), y aún ellos, informaba, habían sido elegidos solo como resultado de la presión que había podido hacer como presidente del comité electoral”. La mayoría de los elegidos, afirmaba Abascal, eran “creadores de problemas y descontentos políticos”, cuyo predominio se debía a la presencia de agitadores en las juntas parroquiales, quienes actuando bajo la “guía” del fiscal Eyzaguirre, habían dominado las mesas de votación. En consecuencia, intimidados los ciudadanos “decentes”, los contrarios al gobierno sufragaron por electores “criollos”. De ahí “siguió que el cabildo escogido por semejantes hombres se conformaría a sus ideas”[20]. La preocupación del virrey no era infundada. Con la puesta en vigencia de la Constitución y la implementación de los mecanismos electivos para elegir los ayuntamientos constitucionales y diputados a Cortes “empezaban a formarse serios resquebrajamientos en la estructura general de la autoridad en la ciudad”[21], y porque no decirlo en el virreinato.
[1] Bando de convocatoria a elecciones del ayuntamiento constitucional de Lima. Lima, 7 de diciembre de 1812. El texto de la convocatoria, sin la nota aneja, en Gaceta del Gobierno de Lima. Nº 103. Lima, 9 de diciembre de 1812, pp. 748 – 752.
[2] Actas del 7 y 8 de diciembre de 1812. AHML. Libro de Cabildo Nº 42, ff. 138 y 138v.
[3] Virginia Guedea. “Los caminos del descontento. O de cómo los novohispanos dejaron de serlo”. Tiempos de América. Nº 1. Castellón, 1997, pp. 79 – 80.
[4] Víctor Peralta Ruiz. En defensa de la autoridad. Política y cultura bajo el gobierno del virrey Abascal. Perú 1806 - 1816. Madrid: CSIC, 2002, pp. 122 – 124.
[5] Verdadero Peruano. Nº XI. Lima, 3 de diciembre de 1812, p. 106.
[6] Ibíd., pp. 106 - 107.
[7] “Expediente formado, de las credenciales de los veinte y cinco Sres. Electores, que concurrieron a la Sala Capitular del Exmo. Cabildo, a elegir Sres. Alcaldes ordinarios, Sres. Regidres. y Sres, Procuradores grales., según la Constitución Política de la Monarquía. 1812”. AHML. Registros Cívicos. Caja Nº 1, Doc. Nº 1, ff. 2 – 7v.
[8] Ibíd., ff. 8 – 9v.
[9] Ibíd., ff. 16 – 16v.
[10] Ibíd., ff. 18 – 19.
[11] Ibíd., ff. 35 – 36.
[12] Ibíd., ff. 26 – 27 y 30 – 30v.
[13] Ibíd., ff. 35 – 36.
[14] “Carta remitida por el Dr. José Ramón del Valle, abogado del presbítero J. A. Buendía”, Suplemento al Peruano. Lima, 4 de febrero de 1813, p. 195.
[15] Peruano Extraordinario. Lima, 13 de abril de 1813, p. 14.
[16] Acta electoral del 13 de diciembre de 1812, AHML. Libro de Cabildo Nº 43, ff. 2 – 2V.
[2] Actas del 7 y 8 de diciembre de 1812. AHML. Libro de Cabildo Nº 42, ff. 138 y 138v.
[3] Virginia Guedea. “Los caminos del descontento. O de cómo los novohispanos dejaron de serlo”. Tiempos de América. Nº 1. Castellón, 1997, pp. 79 – 80.
[4] Víctor Peralta Ruiz. En defensa de la autoridad. Política y cultura bajo el gobierno del virrey Abascal. Perú 1806 - 1816. Madrid: CSIC, 2002, pp. 122 – 124.
[5] Verdadero Peruano. Nº XI. Lima, 3 de diciembre de 1812, p. 106.
[6] Ibíd., pp. 106 - 107.
[7] “Expediente formado, de las credenciales de los veinte y cinco Sres. Electores, que concurrieron a la Sala Capitular del Exmo. Cabildo, a elegir Sres. Alcaldes ordinarios, Sres. Regidres. y Sres, Procuradores grales., según la Constitución Política de la Monarquía. 1812”. AHML. Registros Cívicos. Caja Nº 1, Doc. Nº 1, ff. 2 – 7v.
[8] Ibíd., ff. 8 – 9v.
[9] Ibíd., ff. 16 – 16v.
[10] Ibíd., ff. 18 – 19.
[11] Ibíd., ff. 35 – 36.
[12] Ibíd., ff. 26 – 27 y 30 – 30v.
[13] Ibíd., ff. 35 – 36.
[14] “Carta remitida por el Dr. José Ramón del Valle, abogado del presbítero J. A. Buendía”, Suplemento al Peruano. Lima, 4 de febrero de 1813, p. 195.
[15] Peruano Extraordinario. Lima, 13 de abril de 1813, p. 14.
[16] Acta electoral del 13 de diciembre de 1812, AHML. Libro de Cabildo Nº 43, ff. 2 – 2V.
(17) Víctor Peralta. En defensa de la autoridad, pp. 124 - 125 y 130.
[18] Ángel Luque. “Breve discurso pronunciado por el elector D. D. Ángel Luque, a presencia del exmo. Sr. Virey antes de dar principio a la elección de alcaldes, regidores, y procuradores síndicos de la capital de Lima”, Gaceta del Gobierno de Lima. Nº 105. Lima, 16 de diciembre de 1812, pp. 767 – 768. El contenido del discurso le valió a Luque ser calificado como antipatriota por los liberales. Decía Luque: “La vez pasada en que como elector pronuncié un breve discurso en la Sala Capitular de este Ayuntamiento, exhortando a la unión y concordia entre americanos y europeos, se me calificó de antipatriota”. Oficio dirigido a las Cortes, Lima 13 de septiembre de 1813, Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo III. Volumen 7. La Revolución del Cuzco de 1814. Investigación, recopilación y prólogo por Manuel Jesús Aparicio Vega. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1974, p. 107.
[19] Acta electoral del 13 de diciembre de 1812, ff. 2v – 4.
[20] Oficio de Abascal al secretario de gracia y justicia, Lima 27 de febrero de 1813. John Fisher. Gobierno y sociedad en el Perú colonial: el régimen de las intendencias, 1784 – 1814. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 1981, p. 237
[21] Ibíd.
[18] Ángel Luque. “Breve discurso pronunciado por el elector D. D. Ángel Luque, a presencia del exmo. Sr. Virey antes de dar principio a la elección de alcaldes, regidores, y procuradores síndicos de la capital de Lima”, Gaceta del Gobierno de Lima. Nº 105. Lima, 16 de diciembre de 1812, pp. 767 – 768. El contenido del discurso le valió a Luque ser calificado como antipatriota por los liberales. Decía Luque: “La vez pasada en que como elector pronuncié un breve discurso en la Sala Capitular de este Ayuntamiento, exhortando a la unión y concordia entre americanos y europeos, se me calificó de antipatriota”. Oficio dirigido a las Cortes, Lima 13 de septiembre de 1813, Colección Documental de la Independencia del Perú. Tomo III. Volumen 7. La Revolución del Cuzco de 1814. Investigación, recopilación y prólogo por Manuel Jesús Aparicio Vega. Lima: Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1974, p. 107.
[19] Acta electoral del 13 de diciembre de 1812, ff. 2v – 4.
[20] Oficio de Abascal al secretario de gracia y justicia, Lima 27 de febrero de 1813. John Fisher. Gobierno y sociedad en el Perú colonial: el régimen de las intendencias, 1784 – 1814. Lima: Fondo Editorial de la PUCP, 1981, p. 237
[21] Ibíd.

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